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Entendiendo la anatomía de tu caballo

Entendiendo la anatomía de tu caballo

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A vueltas con la grupa, la propulsión o el avance, la impulsión y la reunión

 

En el punto que hemos llegado tras los dos artículos anteriores, es inevitable que lleguen términos como la impulsión, la propulsión, la reunión y toda una serie de palabras que vienen a ilustrar diferentes aristas de un mismo concepto que no es más que el avance del caballo hacia adelante. Diferentes aspectos cualitativos y cuantitativos para hablar de las diferentes vertientes que confluyen en la marcha del caballo hacia adelante. En ocasiones, los límites son estrechos entre uno y otro y las consideraciones equitacionales son muchas. Es por ello que he tratado de ceñirme a aquellos aspectos que tienen un sustento biomecánico fundamentado en lo que sabemos del movimiento del caballo a través de los estudios cinemáticos. Quizá en determinadas disciplinas no se entienda exactamente lo mismo o tenga otros matices pero esto, como digo, ya pertenece a las apreciaciones de cada modalidad deportiva.

Y ya entrados en faena podemos empezar hablando de la impulsión. Desde un punto de vista estrictamente biomecánico McGreevy y McLean circunscriben el término impulsión dentro de un concepto inicial etológico y así, lo entienden en primer término como la respuesta de un caballo que se encuentra correctamente entrenado a las respuestas de parar y andar hacia adelante, de manera que es capaz de moverse enérgicamente hacia adelante con un ritmo autosostenido y una rectitud. De esta manera, conciben la impulsión como una expresión “temprana” o incipiente de la reunión en la cual el caballo acaba cargando progresivamente más peso en sus posteriores. Estos autores han descrito tres tipos de impulsión:

  • Instintiva: como la tendencia inherente de todo cuadrúpedo a tener mayor o menor tendencia de desplazarse hacia adelante. A pesar de que no me gusta mucho el término “instintivo” por lo que se sabe hoy día en materia de ciencia del comportamiento, esta impulsión responde a lo que en neurología denominamos como un patrón neuromotor. Para hacer algo más próxima esta palabra, un patrón neuromotor no es más que una “app” que viene de serie en el hardware o sistema nervioso de nuestro caballo y si algo sabe nuestro caballo ya desde recién nacido es eso: andar hacia delante de manera eficiente. Por esto mismo no tiene mucha base neuromotora el introducir en potros jóvenes constantes trabajos en dos pistas e incubaciones forzadas; al contrario, hay que trabajar la franqueza y las ganas de ir hacia adelante lo cual, no nos olvidemos, va indisolublemente unido a la flexibilidad de la columna de la que nace la rectitud (ver la serie de artículos dedicados al entendimiento de la columna en mi blog).
  • Mecánica: el desarrollo y perfeccionamiento de una impulsión instintiva y su mejora a través del trabajo y el entrenamiento gimnástico.
  • Transmitida: aquella que se le proporciona al caballo a través del jinete.

Así pues, la verdadera impulsión es aquella que desarrolla el caballo por sí mismo, con una acción neutra de la rienda y evitando la presión constante. En definitiva, la impulsión requiere de una autopropulsión del caballo y esto es bien diferente de las situaciones en las que vemos un estado de excitación generalizado del caballo con un esfuerzo constante por animar su ritmo con diferentes ayudas, a la par que se trata de controlar con un esfuerzo desde las riendas y el contacto.

Inevitablemente la consideración de la impulsión nos lleva pues a la consideración de la autopropulsión, entendiendo por ésta a la posibilidad del caballo de mantener por sí mismo el ritmo, tempo, dirección, rectitud y postura…este es el punto en el que nos damos cuenta que tratar de zanjar cuestiones en el ámbito de la biomecánica equina, y más aún en el ámbito equitacional supone un no parar de “abrir nuevos melones” pues con cada definición surgen conceptos nuevos que debemos, a su vez, de definir y contextualizar adecuadamente….¿necesitaré una segunda parte de este artículo?, me temo que sí.

Y así, vemos que en la misma línea temporal nos encontramos reunión e impulsión, y que al primer término le otorgamos la consideración de la capacidad del caballo de desarrollar progresivamente una carga y gestión de peso e inercia de movimiento en el tercio posterior; aquí es importante la diferenciación entre posteriores y tercio posterior y he usado deliberadamente el término “tercio posterior” toda vez que, como vimos en los artículos en torno a la anatomía del caballo y su columna vertebral, la impulsión va a surgir desde la región sacroilíaca y lumbosacra. Es esa transferencia de peso desde los anteriores a los posteriores la que permite a la nuca y cruz elevarse a través del mecanismo muscular que explicamos en profundidad en el artículo dedicado a la cintura escapular y que si no has leído, te recomiendo leer. Con la subida de la nuca y la cruz, se produce una flexión de la región lumbosacra que permite al caballo realizar movimientos cada vez más reunidos. La reunión puede suceder en cualquier aire y en términos de entrenamiento proviene de la acción combinada de las transiciones, la impulsión y la flexibilidad de la columna para acoplar todos los cambios cinemáticos demandados al caballo. El ejemplo más gráfico que se me ocurre al respecto es visualizar un látigo. Para que la energía se propulse por éste y acabe en un auténtico estallido en la punta no solo necesitamos aplicar una fuerza en el mango sino que ésta se desplace haciendo agitar el látigo en forma de “S”. Si no existe esa flexibilidad, no va a haber un buen traslado del movimiento en nuestro caso hacia el contacto.